También podían invocar un espíritu en su imagen y encerrarlo en ella para convertilo en un emisor viviente de esa energía. El mismo sistema permitía cargar amuletos y talismanes. Una de las claves de estos procesos mágicos era la vibración producida por fórmulas exactas: las palabras de poder. Éstas debían pronunciarse de determinada forma, con una entonación precisa y sin equivocarse. El mago era un